16 febrero, 2007

Camino a Gades

Durantes estas fiestas de Pascua, si Dios quiere, tengo pensado hacer mi último viaje de placer en mucho tiempo. Me voy a Cádiz, a Gades, a la capital del remoto imperio de Tartessos, a la ciudad más antigua de Europa.

Me voy aprovechando una vez más la bonita oportunidad que me brinda mi exilio voluntario en Moscú, que me permite conocer y entablar amistad con gente de todas partes del mundo y de diversos estratos sociales y generacionales.

Pero bueno, no voy a darle a la reflexiones sobre el asunto. Simplemente voy a publicar un consejo enviao por el Killo, gaditano y cadista de pro, sobre cómo pedir pescaíto en Cádiz.

" A continuasion te explicaré como y donde se debe pedi er pescao. (nota: Los freidores están regentao por gallegos)Pa no dar el cante, cuando entre en el freidó puede pedí de la siguiente forma (pa sei comensale): "Mira porme un kilo choco y... quillo dime ... el adobo ¿está calentito? (esta pregunta es una tontería porque el gallego siempre dice que si, pero usté queda mu bien). Pues porme tres cuartos y... un cuarto y mitá de cocleta (atensión ensaye antes co-cle-ta y no croqueta, la diferensia está en la masa). En cai no se empeñe en pedí "chopitos" que aqui no hay, bueno , si hay pero no e lo mismo, aqui se llaman "puntillita".Nunca pida "colines", que ademá de soná mu fisno, es como dar "porculine" ar gallego, pidalo asi: "porme también pico", pa variar, er gallego siempre te preguntará ¿se lo pongo integrale o minipico?. Nunca pida la factura, pronuncie: "Me dise cuanto é?".Lo suyo es sacarse er papelón a la calle, pa comerlo ensima de cualquié lao (los má jovene) o bien en la playa, (que sí pisha, que no está mal visto) siempre y cuando, no tire las mihitas en la arena.El pescao aunque manche se come con los deos. No vaya a pedí un tenedó, por tu mare, que la lia, y asi puede aproveshá pa piropear a las niñas "quilla, me gustas má que come con los deos" .Asin que ya sabe, te come el pescao con la mano y si no tiene servilleta ni pañuelo, o le compra los kline ar shavá del semáforo (actividá mu populá en Cai), o en cualquier bulla te limpia la mano en la shaqueta del de delante. Cuando pruebe er casón en adobo, se debe desí, que bien-me-sabe esto , asi no se te olvida lo que estas comiendo. (el bienmesabe).Otra espesialidá gaditana son las tortillita de camarone, también se sirven en cartusho al iguá que er pescaito. Es un verdadero plasé asercarse por el mercao y probá las tortillitas de "La Guapa" . Para ello es necesario guardá cola pa comprarlas, pero eso es mu normá y ocurre en to los sitios donde se hasen milagros y éste es uno de ellos.Es un verdadero milagro hasé tortillita de camarone sin camarone, de ahi un dicho de "un sabio" popular que dice: "al que le toque er camaron le regalamos un coshe", porque aunque ella ponga que son de camarone en la publisidá, no espere encontrarse los bishos dentro. Eso sí, por tu mare no te ponga pejiguera y no se lo diga, que se te echa la gente ensima.Ahhh, también se comen con los deos y te advierto que son más pringosas que el pescao. Esta vez si interesa tené algo a mano pa limpiarse. Debe de poné musha atensión si va a pedí arguna bebida pa acompañá, que el que sea descubierto tomándose una tortillita de camarones con un coca cola laig, ése no tiene perdón de Dio.."

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18 diciembre, 2006

Otra esquirla

El choque intercultural es siempre problemático. La mezcla de tradiciones y costumbres, y la búsqueda de un termino medio equitativo y razonablemente aceptable para las partes implicadas resulta tremendamente complicado y de resultado generalmente decepcionante.

La fantasmagórica reflexión sobre “el muro” es quizá la piedra angular, la clave que subyace en las relaciones entre personas de diferentes nacionalidades y culturas. Las alegrías y las penas son restos del naufragio en estas rocosas playas extrañas. La visita a estas costas enriquece el alma y fortalece el espíritu, pero deja inevitables costurones en la piel.

Probablemente la interacción con el conjunto de peculiaridades que se conoce por Rusia sea la más difícil de las accesibles. Dejo fuera del zurrón las idiosincrasias africanas, selvático-amazónicas y las asiáticas porque están más allá (o más acá) de nuestro entendimiento.

Cualquier cosa ajena a las calles del pueblo y al patio de la casa de uno mismo implica una distancia. Y cuanto mayor es la distancia más frecuente es la interferencia. Se pierde nitidez y detalle y aparecen vacíos de información, vacíos que hay que compensar con pedazos propios, nuestros, pero extraños al objeto en sí. El resultado es que la imagen que resulta poco o nada tiene que ver con la esencia del mismo.

Todo esto viene a colación con la morbosa tendencia de todos y cada uno de nosotros a establecer juicios de valor sobre las cosas nuevas, especialmente si son disonantes con nuestra forma pensar. La querencia por el conocimiento, el intento de diseccionar la realidad en la que nos encontramos son actos muy loables, necesarios, útiles.

Pero en el caso del análisis de la realidad rusa todo ello no pasa de un mero ejercicio intelectual para retrasar la aparición de la demencia senil. No es nada sano llevar las diatribas hasta el acaloramiento y el sofoco mesiánico de barra bar, intentando reformar a Rusia como país y salvar el alma de sus habitantes con una jarra de cerveza en la mano y nuestra receta española de hacer las cosas.

No estamos en condiciones de entender las razones de un pueblo adolescente que no se entiende ni a sí mismo. Además de que no tenemos derecho a juzgar su caleidoscópica sicología, maltrecha por la falta de luz, y por unos bruscos y constantes cambios de temperatura que revientan el forjado del cemento, desvían las vías de los trenes y hacen saltar la mejor de las pinturas en las fachadas.

Problemas y vicisitudes con frecuencia desventuradas, no siempre merecidas, que han ido moldeando unas costumbres determinadas; ni correctas, ni incorrectas; ni buenas, ni malas. Valor diferencial, propio, a nuestros ojos, caótico, de matriz ajena e irritante.

Rusia y los rusos encarnan una forma, otra forma de vivir la vida relativamente cercana a la nuestra pero en suma diferente; son del “planeta” de al lado, pero de otro “planeta”. En ellos destacan unos rasgos de la naturaleza humana que en nosotros están amortiguados, reprimidos. Con frecuencia las mismas miserias, en ocasiones (escasas), la misma grandeza.

Yo he pasado por mucha etapas de percepción y he pisado la mayoría de los charcos de este país pero, sin embargo, todavía me resulta muy difícil escribir sobre esto. Creo que los años no me han servido de nada, continúo sintiéndome como un mono con una calculadora... no sé por dónde cogerla... bueno, quizás algo sí que he aprendido: que no hay que “cebarse” con ella...

27 noviembre, 2006

El muro - una esquirla del choque intercultural.

Esto lleva quitándome horas de sueño ya algún tiempo y no logro dar con la escena que sirva de ejemplo ni con las palabras adecuadas. No puedo encontrarlas por más vueltas que le doy al asunto. No hay ninguna imagen con la intensidad suficiente que destaque por encima de las demás y me facilite la vida. Y las hay, las hay en abundancia... están ahí, al alcance de la mano, en la cocina o en la habitación. O en la calle, a un golpe de vista, solo con levantar los ojos, sin levantarse de la silla, con mirar por la ventana, a través del cristal, sí, pero no hay manera...

¿Dibujar un conjunto de escenas...? es una alternativa muy socorrida y periodística, efectiva, fácil, pero no sirve: el texto gana en volumen pero pierde en densidad. Es como añadir agua a un caldo para dar de comer a más gente... La forma es siempre esclava del tema y éste es común y omnipresente pero no es banal ni cuantificable. Muy al contrario, es sutil y subjetivo... No es posible trocearlo en instantáneas. No es un catálogo ni un cómic. Hay que cazar su destello, capturar su esencia.

El muro suele aparecer de improviso un día cualquiera sin anuncios ni preámbulos. Y a partir de ese momento está en todas partes. Al principio se siente pero no se acaba de tomar total consciencia de su naturaleza que es transparente e intangible pero a la vez es hermética e infranqueable. Es una sensación extraña, a medio camino entre la incomodidad y la sorpresa, un ligerísimo estupor que pasa inadvertido en la habitual algarabía interior. Es una nota fuera compás. Es un chasquido sordo, instantáneo, que al punto se pierde en la duda....pero que deja un rastro de desasosiego fluctuante, más fuerte en compañía extraña, que se va diluyendo al levantar la vista al entorno del bullicio, los coches, los edificios, y que se oculta al visitar un parque, un bosque o al trastear en la soledad de la propia habitación.Se nota como un ligero rechazo, un suave comezón que casi resulta agradable, que estimula y seduce para perseverar en él. Curiosidad. Interés por esa enigmática barrera que nunca se acaba de traspasar.

El muro produce estupor y el tiempo pasado tratando de resolver su acertijo transcurre de otra manera. Todo es rápido, vacio, provisional... como un ensayo general de algo verdadero que vendrá cuando se dé con la llave adecuada. El muro engancha y no deja marchar, y cuanto mayor es la distancia mayor es su atracción. La inversión en tiempo va creciendo a la par que la destreza en reconocer las multiples manifestaciones de este fenómeno. Cada día que pasa se conoce mejor el terreno que se pisa y crece la esperanza de jugador de ruleta de estar más y más cerca de saltar la banca, derribar el muro y asimilar como propia la realidad que hay tras él... Es un estado parecido a la zozobra, subiendo la apuesta un poco más, un día más... hasta que uno se acostumbra y se vive con ello meses, años... sabiéndolo todo pero sin haber sido nunca consciente de nada. Solo un ligero regusto amargo. Un día, a la vuelta de una esquina, con el tiempo, a fuerza de rondar, presionar, medir, explorar y sondear se llega a la conclusión, sin haberse planteado pregunta alguna, de que no existe ningún paso franco para atravesarlo y que tras él no hay nada especial que merezca la pena ser descubierto y entendido.

Y su origen es lo último que se nos descubre. Y no, no forma parte del mundo que nos rodea y no ha sido creado por nada ni nadie torvo de detrás de la barrera, ni tampoco es un anomalía misteriosa surgida de Dios sabe donde. El muro es una parte subconsciente de nosotros mismos que aparece como una reacción defensiva ante aquello que nos es extraño. Es una reacción alérgica del alma ante una realidad que no es la nuestra y que nos irrita la percepción serena de la misma. Probablemente quienes observan nuestros gestos mudos y carentes de sentido desde detrás del cristal tengan el mismo problema. Esto es algo que siempre hay que tener en cuenta.

Así y todo, este fenómeno deja algunos trazos en la vida diaria para quién sabe distinguirlos. A veces se puede ver su reflejo en el fondo de alguna pupila. Es esa cortinilla repentina, opaca e impenetrable, como de plomo, y ese proyecto de sonrisa congelada a medio camino...No, no están de acuerdo contigo, no te han entendido, no están en condiciones de hacerlo.

Todo aquel que haya notado alguna vez esta presencia sabe a lo que me refiero, sobre todo en estas tierras donde nos ha traído el destino.